Soy una enamorada de Agua Amarga., en Almería, España. Hace tres años que fui allí por primera vez y, aunque este año he encontrado la zona peligrosamente próxima a la saturación, me siento una privilegiada por bañarme en sus calas (casi) solitarias, observar su fauna marina y disfrutar de su pescado fresco y de su buen tiempo. La primera vez me alojé en el hostal La Palmera.
No era nada fuera
de lo común, pero era lo suficientemente confortable. No tuve queja.
Este año decidí volver a reservar en el hostal, más que
por una cuestión de precio (es el más barato de la zona), por
ajustarme a lo que ya conocía: Habitaciones con vistas directas a la
playa.
Cual fue mi sorpresa
al comprobar que mi reserva de dos noches (una de ellas pagada con casi un
mes de antelación) no constaba en registro alguno. En principio había
reservado dos habitaciones para 10 días, pero después tuve que
anular dicha reserva ya que sólo permaneceríamos dos días
en el hostal. El empleado que tomó nota de mi nueva reserva y además
me indicó el número de cuenta y el importe para hacerla formal
tachó TODOS los días de mi reserva en vez de los 8 primeros.
Pero lo malo no fue el desconcierto y desamparo a la que te aboca una situación
semejante, sino el trato sufrido por parte del "dueño" del
hotel ( Domingo se hace llamar).
- Siempre en actitud defensiva, su primera reacción fue la de echar
la culpa a sus empleados. "Tengo 5 empleados no puedo controlarlos a
todos" fue una de sus perlas de aquella mañana del 6 de Septiembre
de este año.
- Al insistir en que se nos debía dar una solución a un error
cometido en definitiva por su hotel, puesto que no pensábamos dormir
en la playa, pasó a la fase de los ataques directos. Ya no echaba la
culpa a sus empleados... ¡nos la echaba a nosotros, los clientes!. Que
si nuestra reserva era de más días y habíamos anulado
haciéndole perder dinero (mentira, el hostal estaba lleno), que si
en el resguardo de ingreso no ponía los días... Realmente estábamos
atónitos.
- Finalmente, y en un intercambio verbal subido de tono en el que la misma
encargada (Toñi, muy amable, por cierto) estaba "flipando"
viendo perder la compostura a su jefe, nos propuso alojar a dos personas en
una habitación interior y otra alojarla en el hotel Las Calas, en el
extremo opuesto del pueblo. Nos conminó a que decidiéramos pronto,
porque no podía mantener la oferta por mucho tiempo.
- Volvimos al hotel un par de horas más tarde para comunicarle nuestra
decisión. En esta ocasión, más comedido (supongo que
debió reflexionar, o directamente se dio cuenta de las ganas que tenía
yo de demandarle), nos ofreció una solución razonable: alojarnos
en una habitación triple en el hotel Las Calas pagando él la
diferencia. Cuando le preguntamos que si mi reserva no aparecía por
ningún lado qué había pensado hacer con los 66 euros
que recibió hace un mes de mi parte, comenzó a enlazar una mentira
tras otra: justo esta mañana (oh, casualidad) se había puesto
a revisar los papeles y pensaba llamarme para preguntarme sobre mis 66 euros...
- No contento con tanta desfachatez, el último día nos regaló
la última sorpresa: quería cobrarnos un precio por encima del
que nos había prometido el primer día. En ningún momento
este "señor" dijo "lo siento" a sus clientes, nosotros.